Transcripción de la escucha telefónica de la conversación entre el agente infiltrado en el
laboratorio y su contacto (en adelante Alfa)
(...)*
TOPO (T): Fukushima.
ALFA (A): ¿Fukushima?¿Qué tiene que ver...?
T: Sí, la central nuclear japonesa,¿ no es Fuku...?
A: Lo de Japón no tiene nada que ver en esta historia.
T: No sé.Yo no entendía nada de ese lenguaje.Ya dije que debían "colar" a un agente más
al tanto de...
A: Ya hemos discutido eso.¿Qué más puede contarnos?
T: (Corta risa) Los pepinos.También hablaban a menudo de esa bacteria...
A: Sí ,eso sí.Una maniobra típica de distracción.Estábamos al corriente.
T: Yendo al grano: todo empezó en el Gómez Ulla.Agárrese...hablaban de un fallo de
sistema en la unidad de "comatosos".
A: Comatosos.(Silencio largo)¿ Estoy entendiendo que esta ...epidemia se ha iniciado en el
Hospital General de la Defensa? Me reíria si no fuera...
T: Sí ,y que se les ha ido de las manos.¿ Es creíble que no existiera un protocolo para algo
así?¿Tengo que creérmelo?
A: No importa mucho lo que creamos Ud. o yo.
T: Vamos, demasiadas películas, ¿no? Ahora me dirá que el Pentagono,la Cia...¿ no se pue-
de contactar con Defensa?
A: No vayamos tan deprisa.Ahora debe Ud. permanecer tranquilo y oculto.
T: ¡ Tranquilo! ¿En una ciudad llena de zombies que se multiplican a cada minuto?
A: Le ruego que tenga calma y piense en positivo.
T: ... Un momento.... Uds. lo sabían desde antes,¿no?¿Qué intereses están detrás de esta
"movida"?
A : Está bien...No pretendía engañar a alguien como Ud.Por algo es el mejor...
Verá, nuestra preocupación tiene nombre propio...lo demás está bajo control y Ud. ten-
drá su parte del pastel...
T: Pesey.
A: En efecto.
T : ¿Qué ocurre?
A : Ha contactado con alguno de sus chicos.Se las ingeniaron para comunicar y están tra-
tando de formar un equipo.Su viejo equipo.
T : Entiendo.Y mis órdenes son....
A : En vista de que rechaza mi consejo de tomarse un descanso ocúpese de esto,si es de su
agrado.
T : Y mis órdenes son....
A : Siempre tan ritual....(Silencio) Hay que acabar con ellos o servírselos en bandeja a esos
babosos mutantes.
T : ¿Dónde se reunirán?
A : Ahora mismo estarán avanzando por la línea (...)
(En este punto la conversación se interrumpió con una serie de ruidos metálicos.
Los agentes suponen que uno de los dos comunicantes descubrió que la línea estaba
intervenida)
* Debido a un lamentable error técnico el principio de está conversación no quedó
grabado.Faltan aproximadamente tres minutos de la misma.
En el principio creó Dios los cielos y la tierra...
Coconarl,primer atardecer después del Último día.
Pasada la medianoche cesaron las descargas eléctricas en los dos horizontes, aunque el aire permaneció estancado, saturado de una extraña tensión, invisible pero casi palpable. No mucho más tarde reparamos en que había cesado también el tráfico aéreo entre las nubes bajas y fantasmales. Tan solo, un par de horas
después, una escuadrilla de helicópteros Leopard surcó el cielo desde el Sur y hacia Poniente.
En el Este seguían el resplandor rojizo y esporádicas explosiones sordas: la Capital.
Luego un murmullo, casi un clamor festivo, nos sobrecogió desde mucho más cerca; tal vez la calle Mayor.
Cuando el sol disipó las tinieblas de las esquinas y los jardines decidimos arriesgarnos. Los cinco cruzamos el parque a la carrera. En unas azoteas lejanas divisamos unas figuras que agitaban unas telas claras. Se había convenido como señal de zona segura. En seguida, desaparecieron de nuestra perspectiva, y cuando la recuperamos ya no estaban.
Columnas de humo rodeaban la desierta avenida Samater. Desembocamos en el Centro Cívico. Junto a la puerta principal, una tanqueta de la policía volcada recordaba a un insecto patas arriba, tal vez ya muerto, o no.
Forzamos la entrada del edificio y nos dirigimos al sótano. Conteniendo la respiración, accionamos la palanca del generador de emergencia. Un fluorescente, luego otro, y luego todos los demás parpadearon antes de iluminar la sala. Casi a la vez, los ordenadores se activaron automáticamente. Eran nuestra tabla de salvación. Accedimos a la dirección de Pessey. Un escueto pero suficiente mensaje, sin cifrar, confirmó nuestras esperanzas: "Entre la sidrería y el cuartel. Antes de ocaso, tercer día. Refugio sobre árbol, provisiones 1 año".
Teníamos tiempo de sobra. A buen paso, en menos de dos días, alcanzaríamos el punto de encuentro. Acordamos seguir la línea férrea, excepto en los dos tramos de tunel, que recorreríamos en superficie. No era el camino más directo, pero si el más seguro según las últimas noticias, antes del corte general de energía.
Al salir a la calle de nuevo, vimos una silueta arrastrarse bajo la tanqueta policial...
Pasada la medianoche cesaron las descargas eléctricas en los dos horizontes, aunque el aire permaneció estancado, saturado de una extraña tensión, invisible pero casi palpable. No mucho más tarde reparamos en que había cesado también el tráfico aéreo entre las nubes bajas y fantasmales. Tan solo, un par de horas
después, una escuadrilla de helicópteros Leopard surcó el cielo desde el Sur y hacia Poniente.
En el Este seguían el resplandor rojizo y esporádicas explosiones sordas: la Capital.
Luego un murmullo, casi un clamor festivo, nos sobrecogió desde mucho más cerca; tal vez la calle Mayor.
Cuando el sol disipó las tinieblas de las esquinas y los jardines decidimos arriesgarnos. Los cinco cruzamos el parque a la carrera. En unas azoteas lejanas divisamos unas figuras que agitaban unas telas claras. Se había convenido como señal de zona segura. En seguida, desaparecieron de nuestra perspectiva, y cuando la recuperamos ya no estaban.
Columnas de humo rodeaban la desierta avenida Samater. Desembocamos en el Centro Cívico. Junto a la puerta principal, una tanqueta de la policía volcada recordaba a un insecto patas arriba, tal vez ya muerto, o no.
Forzamos la entrada del edificio y nos dirigimos al sótano. Conteniendo la respiración, accionamos la palanca del generador de emergencia. Un fluorescente, luego otro, y luego todos los demás parpadearon antes de iluminar la sala. Casi a la vez, los ordenadores se activaron automáticamente. Eran nuestra tabla de salvación. Accedimos a la dirección de Pessey. Un escueto pero suficiente mensaje, sin cifrar, confirmó nuestras esperanzas: "Entre la sidrería y el cuartel. Antes de ocaso, tercer día. Refugio sobre árbol, provisiones 1 año".
Teníamos tiempo de sobra. A buen paso, en menos de dos días, alcanzaríamos el punto de encuentro. Acordamos seguir la línea férrea, excepto en los dos tramos de tunel, que recorreríamos en superficie. No era el camino más directo, pero si el más seguro según las últimas noticias, antes del corte general de energía.
Al salir a la calle de nuevo, vimos una silueta arrastrarse bajo la tanqueta policial...
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